Este tipo de ejercicio es aquel en el que se mantiene la misma medida, dimensión o longitud de los músculos y, por lo tanto, carece de movimiento. En ellos no hay extensión muscular, aunque sí se ejerce tensión y es ahí cuando este trabaja.
A diferencia de los ejercicios isométricos, este tipo de entrenamiento que sí requiere contracción y movimiento articular y, aunque la longitud del músculo cambia, la carga sigue siendo la misma durante la práctica del ejercicio.
Existent dos tipos de contracciones: La contracción concéntrica: Se produce cuando el músculo se contrae y se acorta contra una carga constante.
Es decir, al levantar el peso durante un ejercicio.
La contracción excéntrica: Es cuando el músculo se contrae y se alarga con una carga constante.
Es decir, al recuperar la posición inicial y bajas el peso.
Podríamos decir entonces que las diferencias fundamentales entre los ejercicios isométricos y los ejercicios isotónicos son la manera en la que se trabaja el músculo.
Mientras que en el caso de los ejercicios isométricos no se realiza contracción muscular, lo que te permite trabajar el equilibrio y las fibras musculares más profundas; los isotónicos requieren más potencia y fuerza, lo que hará que a largo plazo tengas un mayor rendimiento y mejora la oxigenación y la circulación sanguínea.
Mientras que unos requieren movimiento, otros trabajan con la tensión muscular.
Dicho esto, no te quedará ninguna duda de la importancia de moverte varios días por semana y en este sentido, es recomendable que elijas muy bien la rutina que vas a hacer.
Dentro de las numerosas variables que existen, encontramos distintas formas de poner al músculo a trabajar, como lo son los ejercicios isométricos y los isotónicos.