Aunque SMART significa inteligente en inglés, en este caso la palabra se escribe en letras mayúsculas porque es un acrónimo que hace alusión a los conceptos Específico, Medible, Alcanzable, Relevante y Temporal. Un objetivo específico debe tener un enfoque claro y definido. También tiene que ser medible para que el progreso y la realización sean cuantificables. Que sea alcanzable es vital para que el objetivo sea realista y lograrlo con los recursos disponibles esté dentro de las posibilidades. Además, un objetivo es relevante cuando está alineado con los valores y objetivos apropiados. Finalmente, debe ser temporal, es decir, tener una fecha límite clara, ya que de otro modo podría llegar a convertirse en toda una utopía o llegar cuando ya no sea necesario.
Los objetivos SMART siempre deben ser alcanzables. Esto implica evaluar tus recursos y capacidades actuales para asegurarte de que el objetivo sea posible de cumplir. Cada objetivo que definas debe ser relevante, lo que significa que debe alinearse con tus valores y objetivos a largo plazo. Por último, es vital que tengan un plazo límite claro, aunque ello conlleve la posibilidad de fracasar. Esto crea un sentido de urgencia y puede ayudar a motivar y priorizar tareas.
En un contexto empresarial, un objetivo SMART podría ser incrementar las ventas en un 20% en el próximo trimestre mediante la optimización de la estrategia de marketing digital. Este objetivo es específico, medible, alcanzable, relevante y temporal. En un contexto personal, un ejemplo podría ser perder 5 kilos en dos meses haciendo ejercicio tres veces por semana y cuidando la dieta. Este objetivo es específico, medible, alcanzable, relevante y temporal. Los objetivos SMART pueden aplicarse en diferentes áreas de la vida de manera efectiva.