El método SMART sugiere que evaluemos y tracemos nuestras metas sobre la base de estas cinco consideraciones:
1. Específico
2. Mensurable
3. Alcanzable
4. Relevante
5. Oportuno
Un objetivo general sería: “Ponte en forma”.
Pero una meta específica relacionada sería una meta específica tiene muchas más posibilidades de ser cumplida “Únete a un club de salud y entrenamiento de 3 días a la semana”, porque definimos los parámetros y limitaciones.
Tiene que haber un sistema lógico para medir el progreso de una meta.
Para determinar si nuestra meta es mensurable, hagámonos preguntas como: ¿Cuánto tiempo? ¿Cuántas total de? ¿Cómo sabré cuando se logra el objetivo?
Si lo puedes medir, lo puedes alcanzar.
Para ser alcanzable, una meta debe representar una meta por el que estemos dispuestos y seamos capaces de trabajar.
En otras palabras, el meta debe ser realista y metódica.
La gran pregunta aquí es: ¿Cómo se puede lograr el objetivo?
La relevancia destaca la prioridad de la elección de las metas que importan y que son coherente.
Por ejemplo, yo sé que puedo hacer 20 sándwiches de atún en una noche para no preocuparme por mi comida de toda la semana.
Es una meta específica, mensurable y alcanzable, pero hay un problema, soy vegetariana y comer solo sándwiches no es balanceado.
Por tanto, esta meta carece de relevancia.
Las metas deben ser oportuna porque el tiempo es circunstancial, dando a la meta una fecha límite o el momento indicado para realizarla.
El compromiso de una fecha límite o el conocimiento de que este es el momento ideal para trabajar en ese proyecto u objetivo, nos permite concentrar nuestros esfuerzos en la realización de la meta.